viernes, julio 18, 2008

Un favorcito...

A ver si mientras regresamos nuestros amigos de Chile nos ayudan a juntar puntos en los clubs de Bebés...

Si compran en Ripley...
O si compran en Falabella...
Y nos ayudan a juntar puntos para Capullito.
Un beso grande.

jueves, junio 26, 2008

Actualizando...


Uno debiera ser siempre fiel a sí mismo y no hacer no más que lo que tenga ganas de hacer.
Uno debiera en su espacio propio sentirse siempre en la libertad de hacer y decir lo que le parezca.
Y esa ha sido mi lucha constante al escribir estas páginas.
No lograr dejar de pensar en los ojos que la leen.
Y pierdo, más seguido de lo que quisiera, esa libertad de expresarme.
Como ahora, por ejemplo, en que por estos días me mueve la vida interior y no las ganas por escribir.

Por tanto aplico actualizar hoy para dejar a mis amigos esa tranquilidad de saber que estoy bien y que no los olvido.
Porque me han escrito varios y entiendo su delicada preocupación.
Sin embargo, por estos días me bato en la deliciosa rutina de esperar a mi bebé, que crece y se fortalece sin mayores problemas, que cree que la panza le pertenece por completo (y en rigor así es) porque se desplaza desde los más recónditos rincones hasta los lugares más insospechados generándome los más exquisitos sentimientos y sensaciones que una mujer puede sentir.
Sensaciones que hace tanto no sentía y que extrañaba desde que tengo uso de mi nostalgias.

Que sigo en los mails, como siempre, que sigo ahora en el ya tan célebre Facebook encontrándome con amigos lejanos que ya hacía yo viviendo en quien sabe qué galaxias.
Y sigo estando también, como siempre haciendo labores de editora en el blog de las Mujeres chilenas de 30 en quienes he encontrado la hermandad de una cofradía y la mística necesaria para hacer del batir de alas diario una razón más para que valga la pena estar vivo.
En ese blog me encontrarán escribiendo sagradamente Viernes por medio...es mi deber.

Por tanto dejo un abrazo enorme a mis grandes amigos de siempre que pasan y saludan, por cierto a la Gran Petra, mal portada número uno, a mi Fran, a Mentecato, a Diana, a Art Pepper, a Polaroid, al profe Carvallo, a Fernando, a Rodrigo y a todos aquellos que en algún minuto de la vida han pasado y pensado en los pasos de esta Castora.

Sigo en la dulce espera de mi Castorcita y al que quiera encontrarme...pues solo basta un toco toc en esta puerta.... que la abriré con todo gusto como con todo gusto les he abierto mi corazón.

miércoles, junio 11, 2008

Magnífica

(1958)

Te imagino en otras épocas, en tus épocas divertidas, las de los sones del mambo y del cha cha cha habanero, ese que te gustaba tanto y que aún puedo escuchar de vez en cuando en los ecos sonoros de tus paredes viejas.Te recuerdo imaginándote, resplandeciente y bella como cuando los caballeros engominados se disputaban tu encanto entonando los versos de tus ojos verdes y tus cabellos dorados de dama germana, el mismo que hoy brilla en su blancura resistiendo estoico el rigor del tiempo.

Te recuerdo entre las flores de tu terraza cantando arias de amor en el crepúsculo del tiempo, imagino el destello triunfal de tu sonrisa y el corazón alborotado por la nostalgia de tus regiones ancestrales.Te imagino estremeciendo al mundo con el aliento mágico de tu belleza y los encantos de tus costumbres sin mácula por donde el tiempo se había olvidado de pasar hasta muchos años más tarde.
Tendría que haberte visto en el Santiago de nuestras nostalgias, tendría que haber sentido tu miedo cuando el resto del mundo se desmoronaba en la guerra y haberte visto llorar el aroma de mil historias de continentes viejos para entender el presente.

Hay que verte hoy día, te conservas espléndida, magnífica como la luz de diamante de otros tiempos, con tu caminar de ángel sin alas en los albores de la vejez, con la misma belleza de antaño dibujada en el aura y tus sigilosos pasos de luna moviéndose suave al ritmo del viejo mambo.

Así te conservo en mi mente, así te dibujan mis letras, así te tomo las manos ya cansadas de tantas épocas, de tanto resistir al tiempo, de tanto ganarle a las penas. Así te busco la mirada, en el verde vidrioso de tus dulces ojitos de siempre.Y así prefiero llamarte: Magnífica!. Como te llamaban antes cuando deslumbrabas de belleza evanescente, prefiero llamarte Magnífica, magnífica para siempre ya que nunca te pude llamar abuela.

sábado, junio 07, 2008

Mi chico oscuro preferido


Suele pasar que aunque uno vea la vida en colores se deja en ocasiones seducir sin contemplaciones por la gamma más brillante de los negros mas refulgentes.
Negro en tonos que susurran noche y brillan en su penumbra.

Negro de cuervos y claustrofobia acompasada por música que mana por sí sola a borbotones como si fluyera de la misma oscuridad.
Y Robert es eso y más, Robert es la cura y la enfermedad juntas, es soneto nocturno, voz cansada y ardiente, poesía en partitura remota, sombra de calles rotas y vicios humeantes.

Ya casi no recuerdo cuando le oí por vez primera, seguramente en los inicios de los 80 y ahí se quedó, agazapado en mis nostalgias y mis presentes, en la vigilia de las sombras llenándome de su poesía de luna ocre.

Casi no le hablo de él a nadie, casi no se lo recomiendo a nadie, pues no quiero compartirlo con nadie, como si en esa fantasía egoísta pudiese amarrarle y condenarle a cantarme tan solo a mi el rumor oscuro de su ferocidad adormecida.
Y yo, yo a dejarme envolver aunque pasen los años en sus garras de sombra silente para ser tragada y consumida por las fauces oscuras ...de su cura.


.

miércoles, junio 04, 2008

Tú y Yo...


Y ahí estamos... las dos guatonas, una con la otra, juntas para todos lados, para arriba y para abajo, subiendo y bajando escalas, trabajando, respirando apenas, descansando a tramos, batallando este invierno, saltando estos charcos de lluvia, cumpliéndole al día, ordenando la casa, tus cosas, las mías, respirando familia, aires de este Otoño que más parece invierno y disfrutando cada instante... Capullito.
Yo a tu lado y tú al mío.
Yo abrigándote el crecer.
Tú hablándome en secreto los misterios de tu arribo.
Yo aguardo.
Tú vienes y las letras comienzan a volar solas como palomas de tardes de plaza.
Y yo te espero.

Tú caminas sigilosa por los prados de mis ansias.
te ríes de mis cansancios...
y yo sucumbo a tu ritmos precisos, a tus despertares de madrugada, a tus danzas nocturnas.
Me habitas entre tus sueños de agua.
Y yo te sostengo Capullito dormido entre giros de cometas mientras la luna se asoma mordida de invierno.

Y así se van las horas desde que te animaste al fin a llenarme los días de tu fragancia de pastelito...porque a ti apuntaron mis flechas cuando buscaba mis rumbos, a ti me guiaron los astros cuando todos mis dedos hilaron poemas y vi dibujado tu nombre...Paloma... en todas las señales de mi cielo...

miércoles, mayo 28, 2008

De gotas de lluvia y viejas mansiones


Siempre que llueve me acuerdo de la Pamela González.
Más que de la Pamela González de lo que me acuerdo es de su casa añosa con miles de rincones, de la escalera de madera que crujía entera y de la leche con plátano que nos daba la señora Raquel, su mamá.

Cuando uno es chico y pobre hay cosas que se le quedan en la cabeza que le marcan de por vida.
La casa de la Pamela González para mi fue una de esas.
Me dejaban con ella y la señora Raquel mientras mi mamá trabajaba, entonces era como entrar a un mundo de cuentos al que yo no tenía acceso y de repente estaba ahí... al otro lado, como si fuese el ropero de Narnia.

Tenía la Pamela un dormitorio de techos altos con una cama con cojines de vuelos rosados y muchas muñecas de vestidos preciosos y cada vez que uno pisaba las reluciente tablas del piso al entrar se oía un crujir a cada tanto.

La cocina, donde nos daban leche con plátano, estaba en lo más alto, casi en un altillo que la hacía muy luminosa por las ventanitas que tenía donde llegaban las palomas y se podía ver la lluvia caer.
Bajábamos la escalera de grandes peldaños resbalándonos por la baranda curva y como éramos compañeras de curso hacíamos las tareas juntas frente a la luz del ventanal mientras veíamos caer la lluvia.

Creo que dormí en esa casa varias veces pensando que de un momento a otro las escobas saldrían de abajo de la escala para recorrer los rincones y enredarse en amenas charlas con los estropajos de la cocina de palomares y convidarían al séquito de muñecas a la reunión que los utensilios domésticos suelen hacer por la noche en todas las casas mágicas.

De vez en cuando voy al sector de esa casa añosa en pleno Barrio Bellavista donde ahora muchas de ellas se han transformado en pubs o discotecas y ya nada queda de ella ni de esos años de jardín infantil cuando las calles se llenaban de hojas de plátanos orientales y pelusas mágicas.


Solo los adoquines de la vereda siguen siendo los mismos y la cercanía del cerro que de cuando en cuando nos regala el rugir del león desde su zoológico verde.
También la Pamela González con su cola de caballo atada con cintas y sus dientes de conejo se perdieron en algún rincón del tiempo y la nostalgia.

Seguramente su casa y su historia quedó archivada en los recuerdos de los niños que fuimos, de la Pamela, de sus primos, de sus amigos y de las que fuimos sus compañeras de curso que hoy, más de treinta años después todavía al sentrse frente a una ventana bajo la lluvia podemos escuchar el crujir de su escalera y sonreirnos con el recuerdo de los bigotes blancos de la deliciosa leche con plátano servida en la más mágica de las casonas de nuestro Santiago de otoños ya lejanos.

lunes, mayo 26, 2008

Solo un poco de amor


Acá en iglesia (donde trabajo) hay un dicho que dice más o menos así:
"No se puede amar lo que no se ve"
Se refiere, claro está, al amor por Cristo y a mantenerse en cercanía porque es la única forma de amarle.
Que si uno se aleja el amor se marchita y muere.
Pero es así en todo orden de cosas, no solo en iglesia.
No te veo, No te amo.
Pues nada puede hacerme sentirte cerca.
Y al revés, de igual modo, cuando el amor se tiene en el día a día, en lo cercano y cotidiano se suele no mencionar a cada instante, a veces se siente que está de más redescubrirse en un "Te amo", en otras no hay para qué, pues todo en lo que se sostiene, toda su estructura ósea y blanda está hecha de la misma materia: amor puro y sólido.
Quizá por ello yo no suelo hablar de eso.
No es que no quiera escribir para ti.
No es que no pueda.
No es porque todo se haya dicho en tantos años,
sino porque me desbordo.

Digamos que me desbordo sola y sin planearlo,
como ahora cuando me atacan las letras si mayor aviso.
Digamos que el solo hecho de intentar verbalizarlo me vuelve espuma los huesos.
que cuando al fin me siento a escribirte el alma entera se bate en estragos de lágrima y gozo.
Digamos que el amor de mi pecho es más inmenso que todas las letras juntas y todos los versos de esta tierra de granito y de las que existen más allá del milagro y la magia.
Digamos que el sol no alcanza.
Digamos que el viento no cuenta .
Y decirte que te amo es poco e inconsistente, pues no caben las palabras en todo el ámbito del universo entero.
Pues la radiación de esta hecatombe es capaz de derribarlo y construirlo todo.
Quizá por esto es que no escribo mucho para ti.
Digamos que no lo hago porque no me interesa que nadie se entere que se me acabó el diccionario para construirte en versos.
Que no me alcanza la retórica para compaginarte mi amor en letras.
Pero a veces pasa, como ahora, que también resulta hilarte en frases,
y al pensarte se hace fácil.
Digamos que hay hombres para soñarlos... y otros para amar toda la vida.
Y a ti no solo he de amarte la vida entera sino que habitaste y habitas en todos los rincones de mis sueños.
Y he de cumplir todas las cadenas perpetuas que me atan a tu nombre, a este camino construido, a la aguerrida lucha de tenerte, a nuestro tema de empeños y quebrantos hasta morir en el peso concertado de los besos del único hombre al que amo y al único que amaré mi vida entera.

viernes, mayo 23, 2008

De puño y letra

He estado escribiendo poco en el blog -Te dije en la tarde de lluvia frente al ventanal-

-También yo-

Eso no significa que no he estado escribiendo.

-Es que no se puede, cuando uno gusta de las letras no se puede dejar tan fácilmente-

Cambian los objetivos también, desde que abrí estas páginas han ido cambiando, primero fue la maravilla de oír tantas voces al mismo tiempo, de encontrar caras y almas tras la pantalla, de encantarse y desencantarse, luego todo eso muta y solo queda el amor por las letras.

-El amor por las letras nunca se acaba-

Abrí esta casa del castor únicamente por las ganas de escribir y por comprometer la vida en la palabra, no porque me sintiera ni sola ni triste ni buscando a nadie como lo hace tanta gente.
Además siempre hay algo para escribir.
Ahora, por ejemplo, me escribo todo el día con las chicas de 30, vienen y van 100 o 200 mails por día con diferentes temas, nos encontramos en tantos rincones con iguales o similares experiencias, nos aconsejamos, nos queremos, cada cual tiene su propio blog más botado que la otra pero nos encontramos en un nicho distinto y es ahí donde cada mail es un verdadero post.

-No se deja nunca de escribir. Yo, por ejemplo, he escrito muchas cartas últimamente a algunos amigos-

¿De puño y letra?

-De puño y letra-

Se ha perdido eso, escribir temblando por entero, volar por sobre las cosas y ser capaz de llevarlo con tus dedos a una hoja, el encanto de pasarle la lengua a las esquinas de un sobre y echarlo a volar, de plasmar a pleno pulso y con la caligrafía propia lo que ahora nos resulta tan fácil frente a un teclado.

-Tenía mucho de magia eso de escribir de puño y letra-

No voy a abandonar esta Casa del Castor, quiza esté volviendo más tarde que temprano pues del mismo modo que se van las letras vuelven sin previo aviso.
Lo importante es escribir.

-Cierto Castora, lo importante es escribir-

Y me quedo soñando en tu sonrisa de hombre bueno, de compañero de palabras y de ruta, me encantó verte ayer y compartir en una mesa de día lluvioso más que palabras y vida, más que un camino hecho de letras, bosques y volantines.
Lo importante es escribir, así seguimos estando, no me cabe ninguna duda.


miércoles, mayo 14, 2008

Una Capullita

Quien iba a pensarlo.
Quizá la vida me la debía.
Quizá yo se la debía a la vida.
Lo cierto es que la soñé en silencio durante largos 20 años.
Y viene.
Y viene y ahora entre que se me cae la sonrisa sola y entre que me da la desesperación de no saber cómo lo iré a hacer.
Y confío en que la naturaleza astuta me va a poner en el corazón la sabiduría suficiente y necesaria para hacer las cosas bien.
Eso espero.
Eso espero entre mi brutalidad y mi poca destreza, entre mi falta de entrenamiento y mis necedades adquiridas con el tiempo pues ya han pasado 18 años desde que tuve en mis brazos al último de mis bebés...un varón.
Y vendrán los tiempos de dejar atrás los soldados, las batallas de lucha libre en la alfombra, el Fuerte arriba del árbol para dar paso a las trenzas y las muñecas.
Y se me corta el aliento de emoción.
Pues no me queda otra (junto al Oso que no cabe en sí de dichoso) y así lo ha querido la vida que comience a preparar el nido entre vuelitos y cuadrillé para recibir en la próxima primavera la llegada de nuestra primera princesa.

lunes, mayo 12, 2008

Tierra de volcanes

"¡Pero que espanto.
Que terrible.
Que gran tragedia.
Que pena la gente...!"

Y sí, lo es.
Aparte de ser un espectáculo maravilloso, único y repetible quizá en cuantos años más para muchas familias ha constituido una desgracia de grandes proporciones.

Pero qué le vamos a a hacer si casi como una parábola de la vida misma nuestro territorio descansa en una franja de amenazante sonrisa volcánica dispuesta a despertarse en cualquier instante.
La vida misma, ni más ni menos, con sus altos y bajos de lavas y erupciones.

"Es que no estamos preparados"
Eso es lo malo, me digo, que aún sabiéndolo no estamos preparados ni estaremos nunca preparados, sabiendo que la única certeza con la que nacemos es que un día moriremos y sin embargo no estamos preparados.

Y siento que hay que hacerlo, preparse, prepararse para los cataclismos y debacles, para las intensidades y las hecatombes, preparados para todos los azotes que la vida nos quiera poner a nuestro paso.
De alguna forma debiéramos, claro que debiéramos.

"No estaba preparado para la enfermedad de mi madre, para la muerte de mi compañero, para la fatalidad de este destino, para esta existencia de blancos y negros, para el desamor o para la jungla volcánica de esta tierra de temblores y no ... no estaba preparado..."
¿Por qué a mi? ¿Por qué a mi?

¿Por qué a ti?
¿Y por qué no?
Ultimamente me formulo ésta pregunta, he reparado en que mucha más gente en vez de preguntarse "Y por qué a mi" y caer en el desconsuelo y la infelicidad debiera preguntarse más: ¿Y por qué no?
Por qué no si estamos vivos, por qué no si nuestra telúrica existencia se debate en ires y venires, en altos y en bajos, en decepciones y ganancias y aún así nos sorprende siempre mal parados la pena y el desconsuelo.

Y por qué no si no soy inmortal ni mis partes son de acero.
Por qué no si mi piel y todo mi ser está latiendo en este mundo amenazante y vigoroso.
Por qué no, y así, en la certeza de que como todo puede suceder (tanto la fatalidad como los aciertos) es que vivo dispuesto a esta existencia de temblores internos y sacudidas que retuercen.
Aunque duelan.
Ya cada cual verá como teje sus dolores y lo que logra construir de ellos.
Quizá unos edifican más dolor sobre el dolor, quizá otros se consuelan con mayor rapidez y se levantan y fortalecen.
Quizá también me pregunte el día que la fatalidad llegue a golpearme y remezca sin medida el Porqué a mi .

Sin embargo, cada día intento pensar en ello, aprender de esta vida de desconsuelos, caídas y levantadas, de los dolores espantosos vividos por tantas madres y tantos pueblos, de los que escriben con el corazón seco y gris intentando entender por qué a ellos.
Yo intento aprender y sentirme viva porque siento que nada puede importar más que ello.
Saberse vivo y dispuesto al sufrimiento tanto como a las alegrías.

Y solo y únicamente porque estamos vivos, no hay otra respuesta más cierta.

Yo al menos me entrego a esta existencia finita para ser sacudida y levantada, caída y puesta de nuevo en pie, entregada a toda su intensidad de fuego salvaje y parranda convulsionada, a todas sus conmociones y espasmos para vivirla así ni más ni menos que en toda su grandeza volcánica.
Pues no queda otra.